Ujué

Situado en la Navarra media oriental y dominado por la sierra del mismo nombre, Ujué es un pequeño pueblo de sabor medieval y montañés enclavado en lo alto de una meseta, a 840 metros de altura. Un bello pueblo medieval de estrechas calles que recorren pronunciadas cuestas para concluir, en lo alto, ante el Santuario-Fortaleza de Santa María de Ujué.  Situado en la Zona Media, Ujué es uno de los principales lugares de culto navarro y espectacular mirador sobre la cordillera pirenaica y la planicie de la ribera.  El Santuario, monumento nacional, es una de las manifestaciones más importantes de la arquitectura medieval en Navarra, y protagonista de una bella leyenda.  Recorre despacio sus calles empedradas y no pierdas la oportunidad de probar las migas de pastor. En pocos sitios las preparan como en Ujué.

El Santuario, monumento nacional, es una de las manifestaciones más importantes de la arquitectura medieval en Navarra, y protagonista de una bella leyenda. Recorre despacio sus calles empedradas y no pierdas la oportunidad de probar las migas de pastor. En pocos sitios las preparan como en Ujué.

Los orígenes de Ujué son confusos. Aunque los primeros testimonios de población datan de la época romana, la villa surgió a finales del siglo VIII o comienzos del IX, cuando el primer rey de Pamplona, Iñigo Arista, construyó una fortaleza para frenar el avance del Islam.  Sin embargo, la leyenda cuenta que a un pastor se le apareció una paloma que entraba y salía por el agujero de un peñasco; al entrar en la cueva descubrió la imagen de la Virgen con el Niño y los lugareños interpretaron esto como un mandato de la Virgen para establecer allí su morada y nació la villa de Ujué.

Pasear por sus estrechas y empinadas calles empedradas es un delicioso ejercicio que te descubrirá rincones de sorprendentes perspectivas. En la parte más alta, se erige el santuario fortaleza de Santa María de Ujué, cuya construcción se prolongó a lo largo de los siglos. Sobre una iglesia prerrománica se edificó otra románica (XI-XIII) y en el siglo XIV se levantó la amplia nave gótica y se rodeó la iglesia de pasos de ronda y de torres almenadas. En la actualidad se conservan dos torres, Cuatro Vientos y Picos, que dan aspecto más de fortaleza que de santuario.  En el interior del templo, que posee una de las portadas más ricas del gótico navarro, podrás admirar un cáliz de plata dorada con esmaltes; el púlpito barroco del siglo XVIII; y una rica sillería rococó de 1774. Tras una rejería gótica se puede ver una bella talla de la Virgen, del año 1190, forrada de plata, con escudos esmaltados y medallones en bajorrelieve. Es una de las imágenes más bellas y antiguas de la escultura románica navarra. A su lado, en una vitrina, descansa el corazón del rey que fortificó el santuario en el siglo XIV, Carlos II «El Malo», apodado así por sus enemigos franceses y del que se cuenta que intentó matar a los reyes de Castilla y a los de Francia. Un bello pueblo medieval de estrechas calles que recorren pronunciadas cuestas para concluir, en lo alto, ante el Santuario-Fortaleza de Santa María de Ujué

Selva de Irati

La Selva de Irati es el segundo hayedo-abetal más extenso y mejor conservado de Europa, después de la Selva Negra de Alemania. Una inmensa mancha verde de unas 17.000 hectáreas que se mantiene en estado casi virgen. Se encuentra situada en el Pirineo oriental navarro, en una cuenca rodeada por montañas (Ori, Abodi…), en la cabecera de los pirenaicos valles de Aezkoa y Salazar. 

La Selva de Irati es un tesoro natural con gran valor ecológico en el que conviven distintas figuras de protección como las reservas naturales de Mendilatz y Tristuibartea y la reserva integral de Lizardoia. Tupidos hayedos, pastizales, abetos y frescas aguas pintan un paisaje de colores vivos que se transforma con cada nueva estación.

Un bosque que te brindará multitud de sensaciones: el encuentro a solas con la naturaleza, el rumor salvaje del agua entre hayas y abetos, el frescor del río Irati o del embalse de Irabia, el sonido huidizo de los animales y de las hojas caídas en otoño, el olor a los frutos del bosque y la suavidad del manto de hierba que cubre esta joya de los Pirineos. Coge tu cámara y tus botas de monte y échate a andar por alguno de los senderos balizados que recorren el bosque.Incontables rincones perdidos en la espesura de los bosques o en los luminosos pastizales de las zonas altas sirven de refugio y hábitat a valiosas poblaciones de animales salvajes. Aves, como reyezuelos, pinzones, petirrojos, pito negros o dorsiblancos, especies acuáticas como las truchas y otras como zorros, jabalís, martas y ciervos… Estos últimos son protagonistas del otoño en la Selva de Iratiya que es su época de celo y la berrea con la que intentan conquistar a las hembras resuena por todo el bosque.

Roncesvalles

Lugar de paso donde se concentra historia y leyenda, Orreaga/Roncesvalles es un bello paraje forestal ubicado en el Pirineo navarro y que es el punto mayoritariamente elegido por los peregrinos para iniciar el Camino de Santiago en España. 

Es un excelente ejemplo de arquitectura medieval, un espacio mítico. A los pies del puerto de Ibañeta, donde el Pirineo Occidental comienza a elevar sus cimas y cerca de la amplia llanura de Auritz/Burguete, se sitúa Orreaga/Roncesvalles, paso natural del Pirineo donde tuvo lugar la Batalla de Roncesvalles (778), una de las más dolorosas derrotas del ejército franco en la que Carlomagno lloró la muerte de Roldán, el mejor caballero de Francia. 

En un paisaje circundado por hayedos, abetales y robledales, se alza majestuosa la Colegiata de Santa María de Orreaga/Roncesvalles, antiguo hospital de peregrinos y uno de los puntos más conocidos de la peregrinación compostelana. 

La Colegiata fue construida a finales del siglo XII y principios del XIII. La explanada de acceso nos conduce hacia la Casa Prioral y el Museo Biblioteca para después, a través de un pequeño túnel de bóveda rebajada, acceder a las principales construcciones. 

La Foz de Lumbier

Su espectacular geología y el aislamiento durante siglos han propiciado la conservación de una singular vegetación que puebla los escarpados roquedos sirviendo de morada para grandes rapaces. Un espectáculo sin igual de paredones rojizos de cuyas grietas cuelgan árboles y arbustos y en los que descansan grandes rapaces. 

Lo que confiere singularidad a esta foz es que sus 1.300 metros de longitud pueden ser recorridos por la vía verde que discurre cerca del río y al pie de los acantilados anunciando las primeras estribaciones del Pirineo oriental navarro. Escucha el rumor de las aguas y los gritos de las chovas mientras admiras la belleza de este enclave natural. 

Desde la cercana localidad de Lumbier, se llega a un aparcamiento situado a escasos metros del acceso a la garganta. La foz de Lumbier es un desfiladero excavado por el río Irati sobre la roca caliza en el extremo occidental de la sierra de Leire, al pie del Pirineo navarro. Es una de las gargantas más espectaculares de Navarra, un paisaje labrado a lo largo de millones de años por la acción del río Irati que, día a día, sigue marcando su huella en este santuario de la naturaleza, reserva natural desde 1987.

La foz de Lumbier es una hoz estrecha y pequeña, de 1.300 metros de longitud y de una belleza espectacular. Sus paredes verticales alcanzan en su cota máxima 150 metros de altura y en sus grietas, roturas y repisas viven grandes rapaces, entre los que abundan los buitres leonados y en la que, con un poco de suerte, se podrá ver algún quebrantahueso. La foz, que también sirve de refugio para zorros, jabalíes, tejones y alimoches, está poblada de quejigos y coscojas, además de arbustos como tomillo, espliego y ollaga que se cuelan por las grietas de las paredes calizas. La vegetación se transforma en bosques de álamos, sauces y fresnos a la entrada y salida de la foz.